Tiempos Subterráneos
Pensamientos que se escriben día a día pero que van quedando en el olvido, todo cambia incluso estas lineas.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Te escribo para que leas y sonrías, y te acuerdes de la vez en que me regalaste una flor que encontraste en el suelo. Te escribo para contarte que sé cómo me enamoré de ti, y como nunca me negué a amarte, porque jamás pude haberme resistido ni a tu manera de hablar, ni a tu sonrisa bonita, ni a las notas de voz, ni a la paz de tu alma, ni menos, a tus plantas. Te escribo para recuerdes cuando hemos reído y llorado y también para que recuerdes cuando simplemente el silencio habla. Te escribo para no dejar de escribirte nunca, y que me encuentres en cada lugar tuyo, en los lugares que yo recorro y miro con tanta admiración, como cuando veo una exposición de mi artista favorito. Te escribo porque nunca pude no haberme encantado de conocerte y volverte a conocer cada minuto. Me llamo Ángela y a veces así entro y salgo de lugares, me río en tu puerta, te canto en el cuello, te saco fotografías, toco tu guitarra, me aprendo tu voz, te beso despacio, leo libros de Dios. Y te escribo.
martes, 13 de noviembre de 2012
Consejo 4 "El Porrazo"
Todos hemos pasado por aquel vergonzoso momento, donde se cruza por nuestro camino la poco querible hormiga cabezona y nos vemos obligados a comprar algún terreno no deseado.
1. El momento previo de caer al piso, abra las manos y desprendase de lo que tenga en ellas. Es recomendable priorizar los dientes.
2. Si aquel porrazo es en un lugar donde se encuentren muchas personas, no faltará aquel que se apiade de usted. Sea noble y déjese ayudar.
3. Si el lugar es solitario, vergonzosamente la sensación de ser observado es mayor. Limpie su ropa y recoja con mucha calma y tranquilidad lo que haya repartido por el suelo.
4. Arregle su peinado y por ningún motivo cojee, aunque el dolor sea intenso. Luego habrá tiempo de sufrir en privado.
5. Sonría y siga su camino tranquilo y con dignidad.
6. No olvidar: Nunca se desquite a sí mismo en voz alta y mucho menos ofenda a gritos al pastelón que lo hizo caer.
Consejo 3 “¿Te he visto antes?”
Solo es cosa de esperar un tiempo, pronto llegará a nuestras manos una aplicación que nos permitirá, a través de nuestro celular, obtener toda la información sobre lo que queramos, con el simple hecho de apretar el botón de la cámara y activar la opción de búsqueda de internet. Pero ¿nos atreveremos a apuntar sin pudor en el rostro de alguien que nos saluda y no tenemos ni la menor idea de su existencia en este planeta? ¿Cómo reaccionar sin nuestro buscador?
1.Si la persona le regala una sonrisa y luego lo trata por su nombre, esté tranquilo, no le debe dinero.
2.Con mucho cuidado, elabore preguntas las cuales tengan su cuota de suspenso como: ¿has estado coooonnnn...? ¿has vuelto a ir aaaaaaa…?
3.También podría ser: “Ya ni me recuerdo de la ultima vez que nos vimos” para el anónimo será un placer resolver su duda.
Consejo 2 " Y si conversamos de Cine?"
Cuando la conversación de cultura entretenida entre un grupo de amigos, pasa a ser una conversación de cultura intelectual sobre el cine, es primordial hablar con certeza y propiedad. Y claro, esto no se fundamenta con saber demasiado, sino de no cometer errores que lo dejen como chico o chica Yingo.
1.Siempre es recomendable que al menos una vez por semana usted encienda el computador, y vea dos o tres trailers de las últimas películas en estreno. Le aseguro que eso bastara para no desteñir.
2.Mencione a Spielberg, el ha hecho casi todo.
3.Si le hablan de Jonhn Ford o Billy Wilder y es como si le estuvieran hablando de libros del Antiguo Testamento, simplemente diga “me agrada, es que soy algo vishual”, con ese tono y ceño fruncido.
4.“Falta de estructura”, “plano detalle de nivel calificado” , “efectistas”, ayudaran para comenzar el debate y sonar competente en el tema.
5.Si en un momento todos mencionan a un actor que ni le suena, sea inteligente y diga algo como: “ Nada que pueda envidiarle a cualquier actor chileno”
Consejo 1 "Cena Solitaria"
Está claro que por naturaleza todos somos seres sociables, nos gusta estar acompañados y sentirnos queridos, como también sabemos que nuestro temor más grande es la soledad, de eso no cabe dudas. Pero, siempre existen situaciones que simplemente no podemos evitar, como almorzar solos en algún restaurante, sepa usted como no atragantarse del abandono.
1.- Si está en ese lugar porque lo dejaron plantado. En ese caso el tiempo correcto de espera, no va más allá que un jugo de frutas. Ni un segundo más!
2. Si el hambre lo sentó en aquel lugar. Su fiel compañero siempre será su celular, aunque esté no tenga ninguna aplicación entretenida, incluso si no tiene batería. Juegue con él, haga como que envía mensajes, invente una conversación imaginaria, incluso sonríale.
3. Si usted lo que desea es proyectar una imagen más intelectual, un grueso libro indicara que usted está ahí por opción.
4. Otra alternativa es algo como “furia poética” . La mirada perdida, ojala junto a una ventana y una actitud misteriosa.
fin
Esa noche, ambos se sentaron en la cama a ver la televisión, saltando de un canal a otro, buscando algo que enmascarara el correr de las horas. El rostro de Francisca albergaba una mueca conocida, un gesto que siempre precedía a la tormenta: los labios tiesos, los ojos fijos en un punto. Como poseídas por una extraña fuerza, sus uñas iban despellejando el contorno de sus dedos sin que ella siquiera se percatara de la acción. Emilio presentía un nuevo derrumbe, un nuevo sismo en ese precario ecosistema que ambos habían construido. Llevaba meses pensando en irse, tomar sus cosas, hablar, esbozar razones, pero su cobardía era más fuerte. Intentó alienarse de la situación concentrándose en un cómico mediocre que contaba chistes en un late show, pero le fue imposible. Volteó hacia ella y comprendió que no había escapatoria. "¿Te pasa algo?", le preguntó, sabiendo que era lo peor que podía haber hecho. La respuesta era obvia: nada le pasaba a ella, todo les pasaba a ambos. ¿Le pasaba algo a él?, contraatacó Francisca. Y el silencio, como una gran nube de humo, lo volvió a confundir todo. Fue en ese instante en que ella comenzó a sollozar y Emilio quiso perder la paciencia, pero no se atrevió.
Ella dijo algo inentendible con la cara mojada de lágrimas. Él la miro algunos eternos segundos y ante sus ojos la vio nuevamente años atrás, cuando el futuro parecía un día soleado. Recordó la primera vez que la vio dormir -los párpados temblando suavemente, las aletas de la nariz moviéndose con armonía, los labios relajados, exentos de ferocidad- y no pudo sino emocionarse. La mujer que hoy sollozaba a su lado, de quien se quería separar, había sido el ser más bello que alguna vez entrara a su vida.
Una vez más no soportó ver sus lágrimas y la rodeó con sus brazos, estrechándola hacia él, diciéndole que todo iba a estar bien, que no pasaba nada, apretándola deliberadamente, como si en ese miserable gesto intentara transmitirle la seguridad que tantos años de relación no habían logrado brindarle.
En ese instante se supo un ser miserable. Ella tenía el valor de desmoronarse frente a él, sin máscaras, sin cortafuegos, con la cálida sinceridad de quien cae al vacío. En cambio, él mantenía sus caretas, sus castillos en el aire, incapaz de compartirle sus planes -que casi no la incluían-, aterrorizado de ser el malo de la película.
En los últimos meses se había convertido en un artista del parche, de la sutura. Aunque le costara reconocerlo, se había asqueado de sí mismo, de esa teatralidad exacerbada que caracteriza a los malos actores. Ella le demostraba una y otra vez que tenía la suficiente valentía para desplomarse. Él, en cambio, seguía como un tronco en un río: a flote, pero a la deriva.
Fue en la madrugada cuando despertó sintiendo que algo caliente le corría por la cara. Reconoció un sabor salado en su boca y un olor a hierro saturando su olfato. Ya en el baño, parado frente al espejo, vio cómo fluía sangre de su nariz. Cuando niño había tenido varios incidentes similares, pero llevaba años sin contar alguno. Puso la cabeza hacia atrás pero el flujo no se detuvo. Bajó la cabeza nuevamente y vio estrellarse decenas de gotas rojas contra la blancura del lavatorio, reventando contra la porcelana. Los vio deslizarse hacia el desagüe, pero se rehusó a abrir la llave, ensimismado como estaba con la viveza del color. Cuando todo en su vida parecía pálido y desabrido, la exhuberancia de su propia sangre parecía enfrentarlo consigo mismo. Miró en el espejo la mancha de sangre deslizándose por el mentón a medio afeitar. Cansado de su imagen, hizo un torniquete, un parche más, y se volvió a meter a la cama.
A la mañana siguiente Francisca despertó inexplicablemente aliviada, como si alguien hubiese descomprimido su pecho. Esa tarde lo esperaría para decirle que todo había terminado.
Por Gustavo Santander
martes, 27 de diciembre de 2011
Mes 51
No me importa, pero quiero estar informada de su vida.
No me importa, pero sobran las escusas para caminar donde lo pueda encontrar.
No me importa, pero quiero saber de su presente.
No me importa, pero odio cuando desaparece.
No me importa, pero es imposible no recordarlo cuando escucho una canción, cuando leo un libro o veo una buena película.
No me importa, pero fue parte del pasado y los recuerdos no desaparecen.
No me importa pero aun así quiero que sea feliz.
No me importa, pero me preocupa si le paso algo malo o se siente mal.
No me importa, pero quiero ser una espectadora de sus logros y fracasos.
No me importa, pero quiero saber los protagonistas de su vida.
No me importa, pero pensar que nos podemos encontrar me pone nerviosa.
No me importa, pero sueño con morir a su lado.
No me importa, no me importa, no me importa.
Y a pesar de todo sigue sin importarme.
No me importa, pero sobran las escusas para caminar donde lo pueda encontrar.
No me importa, pero quiero saber de su presente.
No me importa, pero odio cuando desaparece.
No me importa, pero es imposible no recordarlo cuando escucho una canción, cuando leo un libro o veo una buena película.
No me importa, pero fue parte del pasado y los recuerdos no desaparecen.
No me importa pero aun así quiero que sea feliz.
No me importa, pero me preocupa si le paso algo malo o se siente mal.
No me importa, pero quiero ser una espectadora de sus logros y fracasos.
No me importa, pero quiero saber los protagonistas de su vida.
No me importa, pero pensar que nos podemos encontrar me pone nerviosa.
No me importa, pero sueño con morir a su lado.
No me importa, no me importa, no me importa.
Y a pesar de todo sigue sin importarme.
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